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‘El rayo dormido’, Carmen Amoraga

 

Carmen Amoraga es una de las escritoras españolas que más me está sorprendiendo últimamente. Lo digo sin ningún atisbo de duda y con el ánimo de romper con ciertas etiquetas que seguro le han caído a esta escritora valenciana, finalista del Premio Nadal una vez (aquél lo ganó Felipe Benítez Reyes) y del Premio Planeta otra (que ganó Eduardo Mendoza).

Que haya sido distinguida en los dos galardones más codiciados del grupo Planeta no implica que sea una autora obcecada en ir de premio en premio, acomodada en cierta popularidad y sacando un libro por año por esa manía que tienen muchos de publicar y publicar mientras aguante el rédito. Más bien es al contrario, aprovecha el reconocimiento para volverse más ambiciosa y demostrar que es capaz de escribir historias diferentes, siempre con el carácter inconfundible de su prosa, pero sobre todo consciente de que si se pone a escribir es porque realmente tiene algo que decir. Y así, después de esa brillante novela que era El tiempo mientras tanto (la devoré en un par de tardes), no cabía menos que esperar que El rayo dormido (que ha publicado recientemente Destino) fuera otra novela inteligente y aguda, de esas que, como es habitual en Amoraga, van a dar con lo esencial del ser humano: esa cotidianeidad, los rasgos que, de tan comunes que son en todas las personas, parecen difíciles de percibir.

Natalia Soler es una de tantas jóvenes periodistas que se ha quedado sin trabajo y anda sin rumbo concreto. Afortunadamente, ha ganado una beca para llevar a cabo una investigación en el municipio donde vive, sobre dos vecinos que durante la guerra civil representaban a bandos enfrentados. Uno era José Emilio, un cura asesinado en aquella época no sabe bien bajo qué circunstancias: el otro, Antonio Almenar, republicano que luchó con la Nueve, la compañía de españoles que ayudó a París a librarse de los alemanes pero cuya gesta fue rápidamente olvidada. Lo que Natalia pretende no es encontrar a buenos y malos, sino alejarse de los extremos e intentar entender a cada uno de los hombres y mujeres que se cruzan en su investigación. En realidad, todos los que aparecen tienen un motivo para luchar, ya sea para salir indemne de una guerra, para olvidar, recordar, cerrar heridas o resignarse a que sigan abiertas. Incluso la propia Natalia y su recién reencontrada amiga de juventud, vía Facebook, tienen sus propias luchas, sus fantasmas del pasado de los que todavía no han logrado escapar. El motivo de cada uno de ellos es diferente, pero la novela nos recuerda, por obvio que parezca, que todos son seres humanos marcados por circunstancias que no han podido controlar como quisieran.

Como ocurre en anteriores novelas de Carmen Amoraga, en El rayo dormido destaca la naturalidad, no solo porque la autora luce una narrativa que parece espontánea (digo parece porque apuesto a que todo está más que pensado), sino porque los personajes son gente sencilla que vive experiencias que podrían ser nuestras. No hay nada raro en sus libros, no hay artificiosidad, todo es extrañamente familiar y precisamente por eso, por la capacidad de observación y análisis que muestra la autora, las novelas de Amoraga nos sirven también para conocernos a nosotros mismos. Ya se sabe… en el fondo no hay vida que no contenga una novela dentro. Solo hay que darse cuenta y saber explicarlo.

 

Manel Haro

 

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El rayo dormido / Carmen Amoraga / Ediciones Destino / 1ª edición, 2012 / 300 páginas / ISBN 9788423327133



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