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Diario de Rosa Ribas y Sabine Hofmann (Tagebuch) VI: Voces

“Se le había acabado la leche en polvo para el bebé, así que tuvo que coger el tranvía durante la huelga del 51"


 

Hay muchísimos libros que hablan de los años cincuenta: ensayos, novelas, memorias, libros de historia, unos más sesudos otros más ligeros. Hemos leído y consultado un material abundante para escribir esta novela. Pero también hemos tenido la suerte de escuchar las voces de personas que nos han contado cómo vivieron esta época y que, con sus narraciones, no sólo han contribuido con hechos sino que aportaron elementos que son vitales para una novela: sonidos, olores, sabores, anécdotas de la vida cotidiana, de su vida, únicas y a la vez representativas de aquellos tiempos.

Las personas con las que hemos hablado eran niños o muy jóvenes en esos años. En las conversaciones que mantuvimos con ellas bastaba normalmente una pregunta para que los recuerdos fluyeran y dibujaran imágenes cada vez más nítidas en nuestras mentes. También hubo preguntas que incomodaron, cuyas respuestas fueron más bien evasivas; pero también el silencio o las medias frases dicen mucho. Algunas de las historias que oímos han dejado una huella patente en el texto, otras forman parte del poso del que se nutre la atmósfera de la novela, por supuesto no vamos a decir ni dónde ni cómo. Pero sí que nos gustaría recoger algunas de estas voces para que suenen en las páginas de este diario. Aquí las tenemos:

 
Entonces

“No era ni peor ni mejor. No podías comparar porque no conocías otra cosa. Tampoco te enterabas de mucho, la verdad”. (J.R. nacido en 1941)

Años de hambre

“Antes, con el hambre, las cosas eran diferentes. Me acuerdo de E. Esa se iba a la cama con cualquiera por una merienda. Después se volvió una beata de las peores, pero, cuando el hambre, no veía las cosas del mismo modo”. (M.M. nacida en 1943)

Huelgas de tranvías en Barcelona (1951)

“A la vecina se le había acabado la leche en polvo para el bebé y ella no tenía propia, así que tuvo que coger el tranvía durante la huelga del 51. Como la gente apedreaba los vehículos en los que iban pasajeros, se tumbó en el piso del tranvía, con lo gorda que era, y así hizo todo el viaje hasta la farmacia. La ida y la vuelta”. (M.M. nacida en 1943)

Barracas en Barcelona

“Eran gente de pueblos de Badajoz o de Andalucía que ya eran pobres pero que después de la guerra todavía lo fueron más. Y habían venido por hambre, por miseria. Pero incluso en los barrios más pobres, la gente se esforzaba por mantener la dignidad, se vestían con lo mejor que tenían. Los hombres, si podían, se ponían una americana. Es algo que me llamó mucho la atención, la necesidad de cuidar la dignidad, aunque vivieran en barracas”. (I.R. nacida en 1941)

 

"Cuando un profesor veía que había otro más joven que podía superarle, si era mala persona, intentaba bloquearle el acceso a una cátedra si no la tenía".


 

La universidad

“Eso era igual que ahora. Cuando un profesor veía que había otro más joven que podía superarle, si era mala persona, intentaba bloquearle el acceso a una cátedra si no la tenía. No citar ni comentar publicaciones suyas. Es decir, más por omisión que por ataque. Si no te citan, no existes.” (I.R. nacida en 1941)

Burdeles

“En el barrio había un burdel en el que había una mujer de Tenerife que estaba especializada en “primeras veces”. Por allí pasaron la mitad de los chicos del barrio. Y a todos les pegó una enfermedad venérea. Así que después de ser clientes de la de Tenerife, eran clientes del doctor S.” (C.R. nacida en 1939)

Amanuenses

“¿Hablas de las casetas? Sí. No hace tanto que las quitaron. Allí iban los que no sabían leer ni escribir y ellos les escribían las cartas. O para que les leyeran las cartas que les mandaba la familia en el pueblo.

En ese tiempo había mucha ignorancia. En todos los sentidos. Pero ahora me refería a los analfabetos. ¿Dónde estaban las casetas? Cerca de la Boquería, cerca de la plaza de la Garduña.” (G.I. nacida en 1940)

Ropa

“La ropa te la cosías tú misma. O te la hacía tu madre. La ropa de los niños estaba siempre preparada para alargarla cuando pegaban un estirón. Y a los abrigos les dabas la vuelta cuando por un lado estaban demasiado gastados y les ponías algún detalle para que se vieran modernos. Bueno, lo que entonces nos parecía moderno.” (A.M. nacida en 1939)

“Los zapatos eran durísimos. Tenían que ablandarlos a fuerza de caminar. Como muchas veces no tenía dinero para el tranvía, pues caminaba y ablandaba los zapatos.” (R.T. nacido en 1944)

 

"Cada domingo había que ir a misa. Controlaban si alguien faltaba".


 

Iglesia

“Se rezaba en la escuela, al principio de la clase, al mediodía, al final de la clase. Cada domingo había que ir a  misa. Controlaban si alguien faltaba. Una vez a la semana, a confesarse. Cuando llegué a cierta edad, el cura empezó a preguntarme si me tocaba. Al principio no entendía qué quería saber, pero en algún momento lo comprendí. No porque mis padres me lo hubieran explicado, sino porque algunos de mis amigos ya lo sabían. Es que éramos unos ignorantes.” (C.R. nacido en 1946)

Diversiones

“Claro que también nos divertíamos. En los cines los domingos había programas dobles. Entre las películas había siempre espectáculos de variedades: magos, malabaristas o algún número con animales. Por supuesto no eran tigres ni leones, sino perros o conejos. No eran más malos porque todo tiene un límite” (J.R. nacido en 1941)

Radio

“La radio era muy importante. Había locutores que eran fenomenales. La radio estaba puesta todo el día. Cuando daban alguna de las radionovelas, las calles estaban desiertas. Me acuerdo de una vecina que se pegaba unos hartones de llorar… Los consultorios también tenían mucho éxito. Eran muy carcas, pero a veces ayudaban a personas que no tenían con quién hablar: chicas a las que el novio había dejado embarazadas y después las habían abandonado. También había cosas menos dramáticas, como mujeres que preguntaban si les saldría barba si se afeitaban el vello encima del labio” (E.V. nacida en 1942).

 

Rosa Ribas y Sabine Hofmann
 

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Archivo: Sabine Hofmann todavía no tiene obra traducida en España. A continuación podéis acceder a las novelas de Rosa Ribas y al resto de entregas del diario.

Primera entrega: Prólogo

Segunda entrega: Dos autoras, dos lenguas, dos protagonistas

Tercera entrega: Cementerios

- Cuarta entrega: Gris

Versión en alemán de la tercera entrega

Crítica de Con anuncio, Rosa Ribas (Editorial Viceversa)

Crítica de La detective miope, Rosa Ribas (Editorial Viceversa)

Crítica de En caída libre, Rosa Ribas (Editorial Viceversa)

Entrevista con Rosa Ribas, sobre En caída libre y La detective miope



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