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Diario (Tagebuch) V: Caminando por Barcelona

Imagen de la Biblioteca de Catalunya, donde la protagonista de la novela se sentiría como en casa

 

Revisando las páginas de los blocs de notas emprendemos un viaje en el tiempo, no en el tiempo en el que se desarrolla la acción de la novela, sino en el tiempo que ha transcurrido desde que la empezamos. Esta poderosa máquina de recuerdos nos transporta en esta ocasión en el espacio. Desde Alemania, desde Frankfurt y el Odenwald, viajamos a Barcelona, en busca de los escenarios.

Es la misma ciudad, a veces son también los mismos lugares, pero, una vez más, los enfocamos desde dos perspectivas diferentes, no sólo porque para una de nosotras es un escenario familiar, sino porque los buscamos para dos personajes muy diferentes, para Beatriz y Ana, nuestra protagonistas.

Algunos lugares de Beatriz

Bibliotecas

En las primeras páginas de mi primer cuaderno encuentro los dibujos de una ventana, y una lámpara. Al lado unas anotaciones: “un lugar bajo el sol”, “infierno”, “goteras y cubos”.

Me acuerdo de en qué ocasión los dibujé y anoté, cuando visitamos algunas bibliotecas en Barcelona. Porque las viejas bibliotecas de la ciudad son lugares en los que una de nuestras protagonistas se siente en casa. Beatriz en filóloga, vive en las bibliotecas, trabaja allí, lee manuscritos antiguos, reflexiona, analiza y escribe. De ahí el dibujo de la lámpara, una de las lámparas de la sala de lectura de la Biblioteca del Ateneo que proyecta un círculo de luz sobre la superficie de madera. Dentro de este círculo de luz la vida de Beatriz es aprehensible y en cierta manera feliz.

“Infierno”. Esta palabra la anoté en la Biblioteca de Catalunya. Es una de las bibliotecas más bellas que conozco. Se encuentra en un edificio del siglo XV que era originalmente, y hasta principios del siglo XX, un hospital. Los arcos del gótico tardío se levantan sobre las mesas de las salas de lectura; algunas fotos muestran ese mismo espacio lleno de camas para los enfermos. En la época de Beatriz, es decir en los años cincuenta, la biblioteca se llamaba Biblioteca Central, el nombre que le dieron después de la guerra para eliminar cualquier reminiscencia catalanista. El Régimen eliminó y condenó muchas palabras del mismo modo en que hizo desaparecer libros. Quedaban encerrados en una cámara, el “infierno”, al que sólo podían acceder personas cuya formaleza moral (“personas de sólida preparación intelectual y espiritual”)  estuviera sobradamente demostrada para que no fueran víctimas de sus perniciosos efectos. Muchas veces la biblioteca resolvía el problema de otra manera: se limitaba a hacer desaparecer del catálogo la ficha del libro, en la que constaba el título del libro y dónde se encontraba, con lo cual era ilocalizable.

La amable bibliotecaria que nos mostró la Biblioteca nos contó también que después de la guerra el edificio se encuentra en un estado lamentable. Había muchas goteras y por eso en los días de lluvia tenían que poner cubos de cinc para recoger el agua.

Enriqueta Martí, la vampira del Raval, vivia al correr Ponent (actualment, carrer de Joaquim Costa)

El Bar Pastís

En una callejuela lateral en la parte baja de las Ramblas, ya muy cerca del monumento a Colón se encuentra el bar Pastís. Este local ya existía en los tiempos de Beatriz y Ana. En la Barcelona de los cincuenta era un pequeño refugio en el que se escuchaba música extranjera, chansons francesas y jazz americano. Allí uno podía acordarse de que había otro mundo al otro lado de los Pirineos.

Cuando visité el bar me di cuenta de que desde entonces apenas habría cambiado nada. Se trata de un único espacio, pequeño. En las paredes cuelgan retratos de cantantes de los cincuenta y sesenta, hay poca luz. En el lado derecho hay una barra detrás de la cual se alinean las botellas de alcohol; naturalmente también varias marcas de anís, lo que bebe Beatriz. Pruebo el Anís del Mono, la marca más famosa. Ya puestos, pido el dulce. Sabe espantoso.

Algunos lugares de Ana

Escribimos sobre una ciudad que conozco bien y sobre calles y barrios que me resultan muy familiares. En realidad no necesitaría verlos, pienso. Pero no es así; en esta ocasión tengo que verlos para poder echarles encima casi setenta años a las imágenes que tengo. Después busco fotos antiguas y, si es posible, películas de la época. Y, por más que este tiempo de posguerra  sea un tiempo gris, que contemplo en fotos en blanco y negro, hago un esfuerzo para imaginar que el sombrero de la chica que cruza con prisa la imagen es beige y el abrigo quizás verde claro; que la bufanda del hombre que se para un momento es granate, como las franjas de la camiseta de los jugadores del Barça en un  reportaje deportivo. ¡Cómo me gustaría tener un traductor de grises!

La calle Riera Alta

Tengo que decir de entrada que me encanta ponerles casa a los personajes de las novelas, pensar en qué barrio viven, en qué calle, qué tipo de vivienda tienen.

¿Dónde vive Ana? Busco mis anotaciones en el cuaderno y encuentro varias direcciones. Una para el antes y otra para el después. Antes de la guerra la familia de Ana tenía cierta posición. Se me ocurren enseguida dos direcciones, la Rambla de Catalunya y el Passeig de Sant Joan. Me quedo con la segunda porque allí me gustaría vivir a mí. Al momento noto que la pérdida de la casa familiar de Ana me duele también. Ana no vive con sus padres, vive sola, algo impensable para una mujer joven en esa época, pero esta circunstancia tiene una explicación plausible en la novela, de lo contrario hubiera cosechado las críticas inmisericordes del vecindario. Sólo una puta puede vivir sola. Así de simple.

En la calle Riera Alta viviría Ana

A los padres los dejo en Joaquín Costa, la calle de la leyenda negra de Enriqueta Martí, la vampira, la asesina de niños. Es una calle estrecha, las casas están demasiado cerca, por los patios interiores se cuelan los olores, las voces, la música chillona de las radios de los vecinos. Lo que no se expande por los estrechos patios de luces lo hace por las escaleras angostas y oscuras. Como bien dice la madre de Ana, la pobreza es estrechez. Y oscuridad.

En el cuaderno no pone “oscuridad” sino “bombillas”. Bombillas de 15 vatios, bombillas desenroscadas para gastar menos, que sólo se encienden en fechas señaladas. Las casas condenadas a la oscuridad perpetua y a las bombillas me llevan a la calle Riera Alta, a la casa de mi tía abuela. En una casa así vivirá Ana.

La Jefatura de policía en la Via Laietana

Uno de los lugares más siniestros de la novela es la comisaría del número 49 la Via Laietana. Sede de la Prefectura General de la Policía y cuartel general durante 38 años de la terrorífica Brigada Político-Social, órgano de represión del régimen franquista.

En las celdas de la Via Laietana estuvieron encerrados muchos opositores al régimen. Los sótanos de este edificio fueron escenario de atroces torturas de las que muchos no salieron vivos. La brutalidad era tal que muchos presos consideraban un alivio ser trasladados a la cárcel Modelo, era como pasar del infierno al purgatorio.

En este edificio se encontraba también la BIC, la Brigada de Investigación Criminal, que investigará el caso de asesinato con el que arranca esta novela. A este edificio tendrá que entrar varias veces Ana para hablar con la policía sobre este caso. Una situación difícil, no sólo para la protagonista, sino para las autoras. ¿Puede haber “buenos” dentro de ese edificio? Esta es una de las dificultades intrínsecas de esta novela.

Hoy en día no queda más rastro de los sucesos que la memoria de los que estuvieron dentro y la fachada. El resto ha desaparecido. Dentro de poco habrá un hotel de lujo, uno más en Barcelona.

 

Rosa Ribas y Sabine Hofmann

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Archivo: Sabine Hofmann todavía no tiene obra traducida en España. A continuación podéis acceder a las novelas de Rosa Ribas y al resto de entregas del diario.

Primera entrega: Prólogo

- Segunda entrega: Dos autoras, dos lenguas, dos protagonistas

- Tercera entrega: Cementerios

- Versión en alemán de la tercera entrega

Crítica de Con anuncio, Rosa Ribas (Editorial Viceversa)

Crítica de La detective miope, Rosa Ribas (Editorial Viceversa)

Crítica de En caída libre, Rosa Ribas (Editorial Viceversa)

Entrevista con Rosa Ribas, sobre En caída libre y La detective miope



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