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Diario de Empar Fernández: La concepción de Enric Nasarre

Empar Fernández arranca el diario de su próxima novela en 'Llegir en cas d'incendi'

 

Apenas me quedan unas páginas para finalizar la segunda novela negra protagonizada por el subinspector Enric Nasarre. La primera, ya publicada, es Sin causa aparente. Sólo un par de capítulos más y la dejaré reposar unas semanas antes de revisarla. Un par capítulos es bien poco y la novela sigue sin tener título. Es cierto que he pensado en ello y que tengo una lista de posibilidades (Maldita lluvia, Cuestión de tiempo, Desolación y El instante en que se encienden las farolas –me inclino por este último-), pero el título ha dejado de preocuparme. Todo llegará.

Creo que he logrado lo que verdaderamente importa. Tengo un protagonista consistente, un personaje que creé hace un par de años de la nada y sin la menor ayuda de la divinidad. Un protagonista al que conozco como a un pariente muy cercano, un hombre de sesenta y pocos cuyo físico modelé a conveniencia y del que puedo reconocer los gestos, identificar las manías y señalar los gustos. Sé cómo se mueve, qué es lo que le provoca mayor hastío, qué le divierte, cómo son de intensos sus días y de largas sus noches de viudo. Un personaje mío, completamente mío. Enric Nasarre.

Y es tan mío que hoy he creído ver su retrato mientras fisgoneaba pasando de una a otra web y de un blog a su vecino en el espacio virtual. Por un momento me ha parecido reconocer su rostro de ojos oscuros y vivaces, su nariz en pendiente pronunciada por la que se empeñan en deslizarse unas gafas doradas que ya resultaban antiguas cuando las compró, una frente amplísima que sigue avanzando en dirección a la nuca y su cabello muy lacio y casi completamente cano. He advertido en el rostro del hombre a punto de la jubilación las mismas arrugas profundas sobre las cejas espesas y veteadas de blanco y exactamente los mismos surcos que bajan desde la nariz hasta el nacimiento de los labios. Incluso su forma de vestir podría ser la misma, jersey oscuro de cuello en pico sobre camisa clara.

Si hubiera coincidido con él en una calle, al atravesar una plaza o en la cola de la frutería, sin duda, le habría saludado. Su cara me resulta tan familiar que habría sonreído y, quizás, sólo quizás, hubiera cavilado unos instantes intentando recordar dónde y cuándo nos habíamos conocido. Enric Nasarre es él, pero no lo es. Se le parece mucho, es casi un calco. Pero Enric tiene más quilos, algo más de pelo y es unos años más joven, nació en 1949. Le queda un suspiró para vivir de la pensión de un subinspector de policía, pero prefiere no pensar en ello. Enric es él, pero no lo es. Él, el hombre de la foto, es Andrés Rábago (Madrid, 1947) conocido por las viñetas amargas que firma como “El Roto”. Un creador al que admiro. ¡Se parecen tanto!

 

Andrés Rábago, "El Roto"

 

 

Empar Fernández

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Conoce un poco mejor a Empar Fernández

Entrevista con Empar Fernández, por Sin causa aparente

Reseña de Sin causa aparente, publicado en Editorial Plataforma

Reseña de Mentiras capitales, publicado en Editorial Alianza

Reseña de La cicatriz, publicado en Editorial Multiversa

- Reseña de Un mal día para morir, publicado en Editorial Pàmies



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