
Cortejo funerario del general Lukács (Valencia), foto de Taro
- ¡Mira, mira! ¡La del medio es la tía Luisa!
- No puede ser, pone que esta foto está hecha en Valencia.
- Pero es posible, ¿no?
- Podría… Ven, quiero enseñarte otra que he visto.
No son los únicos que buscan algo entre los negativos de La Maleta Mexicana que se exponen en el MNAC de Barcelona. La entrada a la exposición incluye una audioguía y una mujer ha olvidado coger una para su padre. El hombre, probablemente nonagenario, espera paciente el regreso de su hija mientras lee, no sin esfuerzo, la biografía de Robert Capa. La audioguía llega y el recorrido comienza, lento. Disecciona cada imagen, se emociona ante alguna instantánea, mira cada foto con el interés del que espera verse reconocido en una o reencontrar la cara de un familiar, amigo o camarada lejano en el espacio y el tiempo.
El año 1979 el hermano de Robert Capa, Cornell Capa, hizo un llamamiento público para intentar recuperar algunos negativos del conflicto español que parecían haberse esfumado. La pérdida estaba clara en tanto que miles de fotografías que se habían publicado a mediados de la década de los años treinta en revistas como Regard, Life o Picture Post estaban huérfanas de negativo. Durante años no hubo respuesta. Sólo se sabía que en el año 39, en plena huida de una Francia acechada por el nazismo, Robert Capa confió el material a su colega Imre “Csiki” Weiss quien, a su vez, lo había entregado a un chileno que se comprometió a depositarlo en una embajada latinoamericana para que pudiera salvarse. El hecho de que el propio Capa nunca se molestara en recuperar los negativos hacía pensar que estaban más que perdidos. Aún así, su hermano siguió todas las pistas plausibles. Se planteó un viaje a Chile en busca de un rastro en un sótano, se excavó en tierra francesa frente a la posibilidad de que fueran enterrados. Nada.
Por fin, en 1995, llegó a oídos de Cornell Capa que los negativos estaban sanos y salvos ¡en México! Los tenía en su poder el cineasta Benjamin Tarver quien los había heredado de su tía, amiga del general Francisco Aguilar González, embajador del país azteca en la Francia de Vichy. Es un misterio saber cómo llegaron a él, cómo consiguió conservarlos en perfecto estado y el motivo que le llevó a mantenerlos en secreto durante tantos años. Con toda probabilidad no tenía la menor idea de qué eran, a quién pertenecían o qué hacer con ellos. Y, de ahí, el milagro. Unos negativos de nitrato, un material sumamente inestable, regresarían sesenta años al lugar que les correspondían.

Imagen de La Maleta Mexicana
Parecía que lo más difícil estaba hecho pero hicieron falta doce larguísimos años de negociaciones para que Tarver se decidiera a ceder el material al International Center of Photography (institución fundada por Cornell para, entre otras muchas cosas, preservar la obra de su hermano). En 2007 la maleta, que eran tres cajas (una de tapa verde, otra de tapa roja y un viejo paquete de papel fotográfico Ilford) llegaban a Nueva York. Los estuches contenían más de 4.500 negativos que Robert Capa, Gerda Taro, David Seymour (apodado Chim) habían disparado entre mayo del 36 y la primavera del 39 en España. La cantidad de material obligó a investigadores y conservadores a dedicar más de tres años a su estudio y catalogación.
El rocambolesco periplo de esas tres destartaladas cajas ya vale la entrada a esta exposición pues no son muchas las ocasiones en que podemos conocer a fondo una historia tan romántica y misteriosa como ésta. Pero lo increíble es que el contenido apabulla por lo atractivo. Esto no es una exposición más de Robert Capa. Para empezar, es ésta una muestra que hace justicia a la figura, obra y estilo de Chim. No tan interesado en el frente de batalla como sus compañeros, tanto los retratos del polaco de la vida en retaguardia como de personalidades tales como Azaña o Dolores Ibárruri son, simplemente, extraordinarios. La joya de la corona es una serie fechada en agosto de 1936 en la que aparece Federico García Lorca en las que probablemente sean las últimas imágenes del poeta antes de su fusilamiento ese mismo mes.

Retratos de Federico García Lorca, de Chim
En su defensa de lo que creía justo, Chim realizó también un valioso reportaje titulado Protección de las artes en el que se reconoce a milicianos trasladando obras de arte propiedad del clero a fin de protegerlas y conservarlas. Sin duda, una apuesta clara por acabar con la idea de que las bárbaras hordas rojas destruían todo lo que oliera a Iglesia.
La otra gran protagonista de la muestra es Gerda Taro sobre la que siempre se había dicho: era novia de Capa, murió en Brunete y sus fotos se diferencia de las de éste porque el húngaro gustaba de disparar con Leica (formato de foto rectangular) y ella con Rolleiflex (formato cuadrado). ¿Qué ocurre si en uno de los negativos de Leica aparece Taro con otra Leica colgada del cuello? Esta exposición obligará a muchos a replantear el modus operandi de la joven fotógrafa y, por qué no decirlo, de la fotografía hecha por mujeres. Y es que Chim y Capa extrañamente fotografiaban cadáveres o cuerpos sanguinolentos mientras que Taro se aventura a realizar un duro y explícito reportaje en la morgue de Valencia mostrando algunas instantáneas de una crudeza insólita en el catálogo icónico de la guerra civil española.

Gerda Taro con Leica (abajo a la derecha), foto de Capa
El último gran nombre es, claro, Robert Capa. La Maleta Mexicana ha permitido el visionado del que con certeza fue el primer trabajo colaborativo del húngaro con su eterno amigo, Henri Cartier-Bresson. Se trata de una filmación de la Brigada Abraham Lincoln que se proyectó en pequeñas salas de cine americanas con la intención de recaudar fondos para la causa republicana. Periodísticamente hablando, también es importante un amplísimo trabajo de la batalla del Segre. La publicación de éste marcó un antes y un después en el fotoperiodismo y el devenir de las revistas gráficas pues, por primera vez, la imagen no se limitaba a acompañar un texto sino que es el conjunto de varias instantáneas y sus escuetos pies de foto los que cuentan la historia.
Pero, a pesar de lo que pueda imaginarse a priori, el frente no monopoliza el material atribuido a Capa. El tema más trabajado de los contenidos en la maleta es el de los exiliados. Sensible al tema, por ser un emigrante húngaro judío en una Europa incómoda, Capa consiguió adentrarse en los campos de refugiados del sur de Francia y lo hizo no como Robert Capa sino como Endre Friedmann (su nombre real) dado que su apodo era ya tan conocido que difícilmente hubiera conseguido permiso de las autoridades francesas para fotografiar una realidad que los galos se esforzaban en ocultar al mundo.
Entre todos estos “logros” también hay sitio para un reportaje elaborado por Capa y Taro premeditadamente escenificado. Los jóvenes fotógrafos decidieron reproducir una batalla gracias a la cual los republicanos se habían hecho con el control de La Granjuela, en Córdoba. La manipulación es evidente por los numerosos agujeros de balas que visten las paredes de algunas casas a las que aún no han llegado los combatientes y ¡claro! porque en la secuencia de la avanzada dos fotogramas de soldados fumando y riendo marcan una pausa difícilmente justificable.

La Granjuela, escenificación de Robert Capa
Es probable que La Granjuela sirva para que muchos de los que se han empeñado en demostrar por vía de libros, artículos e incluso documentales que la foto del Miliciano Abatido de Capa era falsa sientan legitimados todos sus argumentos. Cabe decir que esa discusión, que ha llevado incluso a la metadiscusión sobre quién fue el primero en meter el dedo en el ojo al mito Capa, es absurda. ¿Qué ocurre si es falsa? Poco menos que nada. Si Capa es un mito es porque todos hemos contribuido a ello. Su obra es extraordinaria y juzgarla en base a la puesta en escena o no de sus imágenes o intentar aplicarle criterios actuales es no entender el periodismo de la época que le tocó vivir.

Robert Capa y Gerda Taro, foto de Fred Stein
Son Chim, Bob y Gerda, tres jóvenes entusiastas que no dudaron en venir y usar su arma, la cámara, para contar la historia de una guerra profundamente injusta. Algunas de sus fotos son insulsas, otras están desencuadradas, algunas están expuestas de manera flagrantemente errónea. Por lo visto, los maestros también fallan el tiro ¡qué alivio! Apasionados de la guerra civil, especialistas, críticos y aficionados a la fotografía, señores y señoras, ¡pasen y vean! ¡La Maleta Mexicana está de vuelta en casa!
Marta Martínez Carro
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Para más información sobre La Maleta Mexicana:
International Center of Photography: http://museum.icp.org/mexican_suitcase/castella/
Web de la película (todavía no estrenada): http://www.maletamexicana.com/spanish/
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Ficha técnica de la exposición:
La maleta mexicana. El redescubrimiento de los negativos de la Guerra Civil española de Capa, ‘Chim’ y Taro / MNAC (Parc Montjuïc, s/n) / Hasta el 15 de enero / Precio de la entrada: 5.5 euros (con audioguía) / Precio del catálogo: 83 euros / www.mnac.es
Excelente reportaje! Entran ganas de ir a ver la expo ahora mismo!