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‘Nocturna’, Guillermo del Toro y Chuck Hogan

 

¡¡Por fin!! Qué ganas tenía de que alguien devolviese a los vampiros al lugar que les corresponde… harta estoy de vampiros enamorados, vegetarianos y sensibles, más byronianos que el propio Byron. Harta de Anne Rice, Sherrilyn Kenyon, Stephenie Meyer e incluso de Laurell K. Hamilton. Al fin alguien ha reclamado a los vampiros para el lado oscuro y nos recuerda su naturaleza predadora y cruel, su sed monstruosa y sus pocos miramientos, unos hábitos de destrucción que últimamente parecían feudo de los zombies .

El vampiro vuelve a ser una amenaza. Una amenaza considerable. Y de la mano de uno de los creadores más interesantes de los últimos 20 años, Guillermo del Toro, personaje que conoce a la bestia como pocos. Tras haberse acercado a la maldad humana (El espinazo del diablo), inhumana (Mimic) y vampírica (Cronos, Blade II), el director mejicano se decanta esta vez por la literatura para abrirnos las puertas de su curioso mundo.

Nocturna es el primer libro de la Trilogía de la oscuridad (que continuará con Oscura y Eterna), destilado tras 15 años de darle vueltas a la historia. Así, ante la cantidad de material de que disponía, Del Toro optó por replantearse el proyecto y abogar por las artes de Chuck Hogan, un escritor estadounidense experto en bestsellers (ganador del premio Hammet pero prácticamente un desconocido editorial en nuestro país), para convertir semejante aluvión de material en un producto factible.

Nocturna comienza con un émulo del Demeter draculiano cuando un avión aterriza en extrañas circunstancias en el JFK de Nueva York. Una sombra antigua se cierne sobre la ciudad que nunca duerme desencadenando, paradójicamente, la pesadilla. El contagio se produce de modo exponencial y nadie está a salvo… de sus seres queridos. Y es que los muertos (al modo de La familia del Vurdalak de Tolstoi), desorientados, vuelven junto a aquellos que aman, al único hogar que conocen. La amenaza se cuela en casa con el aspecto enfermizo de alguien a quien creíamos perdido para siempre y, por supuesto, la recibimos entre lágrimas, con los brazos abiertos. Una nueva y terrible enfermedad se adueña así, de Nueva York. Una enfermedad altamente contagiosa que, de alguna manera, somete al vampiro a la luz de la ciencia (ficción, añadiremos).

El vampirismo de Nocturna no es meramente sobrenatural: las capas y los colmillos mutan en enfermedad vírica y, además del poder de la plata o de la luz del sol, esta vez tendremos que echar mano de nuestra capacidad de suspender la incredulidad moderna y de creer de nuevo en todo aquello que se oculta en la oscuridad.

La voz de la tradición y el folklore viene de manos de un superviviente de los campos de concentración nazi, ahora un anciano prestamista que aguarda, expectante, el regreso del horror que conoció en el Viejo Mundo. A él se unirán dos expertos en control de enfermedades y un desratizador en una lucha que, a priori, parece perdida. Así que no os engañéis: aunque en Nocturna los vampiros puedan alinearse en varios bandos, ninguno de ellos se arrepiente lo más mínimo de su condición. Los unos por convencimiento, los otros porque ya no tienen modo de arrepentirse.

Tampoco el lector. Nocturna despliega un ritmo frenético y una construcción cinematográfica que no permite el abandono de la lectura puesto que, aunque comienza muy despacio (los escenarios se intercalan con un detalle que puede parecer irritante al lector impaciente) avanza de un modo trepidante, rematado por un tour de force que acaba por dejarnos casi sin aliento… Más de 500 páginas que corren como por arte de magia y que tan sólo cubren tres días. Queda mucho por llegar.

Same Dimanche



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